martes, 8 de febrero de 2011

¿Por qué no votar por la ‘Salud Pública’?


En reiteradas ocasiones los medios de telecomunicación, suelen ser utilizados para un fin insondable, maquiavélico; esta característica, indefectiblemente, no cancela la importancia de las informaciones que deben ser transmitidas. 
Hace un par de días en la Residencial Arica del distrito de San Miguel, se proyectó con contundencia la voz de una actriz muy celebrada, perturbando la tranquilidad de parte del condominio y vecindario. Este acontecimiento correspondería, entiéndase, a una frecuencia (como toda obscura tecnología, “de punta”). Y está de más afirmar que no era la aparición de un ente metafísico proveniente del plano astral con el fin de corromper la ecuanimidad, ya sea de un determinado individuo o conjunto de individuos. La teoría que surge es que efectivamente estaba destinado a un receptor (o receptores, dado en la praxis). Del mismo modo, gracias a las telecomunicaciones, opera el famoso “chuponeo” que devela las conversaciones de diversas personas significativas en afinidad a sus posiciones políticas, perspectivas; claro está que si se aplica este método a un político corrupto, se torna bien empleada la función por la cual se debió crear. El vacío surge cuando una persona, dueña de esta tecnología, utiliza este medio para fines enteramente personales y maléficos. A fin de cuentas, el hombre la creó y, este, comete errores que empañan su condición.

Una frecuencia se define de la siguiente manera: “magnitud que mide el número de repeticiones por unidad de tiempo de cualquier fenómeno o suceso periódico”. Así, esta, propia de los medios de telecomunicación, puede ser accionada por un individuo y, un individuo como tal, puede infringir daño, cometer errores gravísimos. Este pitido para nosotros, onda; frecuencia que científicamente, puede transmitir (codificar y decodificar). Inclusive, por fácil deducción llegar a lo más profundo del aparato auditivo, originando fenómenos como acúfenos o tinnitus (los cuales, basados en la cientificidad del consciente, provienen de alguna fuente externa; se justifica con la teoría del estrés tecnológico). Por consecuencia, hacer un mal de uso de las tecnologías características de un medio de telecomunicación, puede originar diversos padecimientos, como ya afirman algunos médicos. La dubitativa se encuentra en que si estos pitidos (ondas; frecuencias) que llegan al aparato auditivo, son provocadas por un desperfecto del aparato auditivo o manipulado por un hombre “x” que como afirma el acostumbrado axioma, es su propio enemigo. La presente teoría, ratifica las condiciones de artificialidad.

Por todo lo argumentado, regular los medios de telecomunicación y sus tecnologías (las cuales son disfrutadas en toda dimensión y mayor magnitud por un operador de servicios de telecomunicaciones como Telefónica) y más, se torna fundamentalísimo para el bienestar del pueblo. Hipótesis afirman que si estos pitidos-frecuencias desaparecen o, en su defecto, regulan, se disminuiría el estrés y los padecimientos que poseen a esta llamada enfermedad del siglo XXI, como síntoma; en ciencia es equivalente a apagarlas (se tendría que hallar el origen específico) o construir un campo magnético de la misma fuerza que anule todo.  En conclusión, controlar las antenas, satélites, aparatos característicos de los medios de telecomunicación en general, conllevaría tranquilidad a la fuerza vital del cuerpo humano. Bueno, ya es una realidad que la rama ecológica-ambientalista en las ciencias sociales está cobrando cada vez más preponderancia.

Con respecto a los medios de telecomunicación, el ilustre candidato Alejandro Toledo, muestra una posición de tolerancia; Pedro Pablo Kuczynski, apoya al “chuponeo” (bueno, deberíamos dilucidar a todos los tipejos que manejan estos aparatos); Keiko Fujimori, por el uso estratégico de los medios de comunicación que se dio en el gobierno de su padre, debería, de alguna forma, reivindicarse; y Ollanta Humala, busca o debe buscar, regularlos. En conclusión, mi voto va para quien descubra la proveniencia de las ondas; frecuencias (“acúfenos” o “tinnitus” externos para la teoría cientificidad del consciente) y por qué afectan cada vez más –mucho más- a diversos compatriotas. En relación a estos padecimientos en el mundo, la incumbencia recaería, obviamente, a los países determinados. También juzguemos nuestro voto, tomando como punto de referencia, la Salud Pública.

Una teoría –algo arriesgada- que planteo es que el estado pueda poseer en un futuro mediato, control sobre todos los medios de telecomunicación, para evitar usos inapropiados y hasta maliciosos. Así el filtro moral y ético controlado por el ANDA también podría instruir y revisar las acciones de los operarios, sobre todo, para evitar usanzas inadecuadas.



“Las ondas frecuencias son emitidas, indefectiblemente, por un aparato. Este, es controlado por el hombre”


“La capacidad tecnológica que puede desarrollar una onda frecuencia es inconmensurable”



“Votemos por la Salud Pública: ‘Abolamos el estrés y la depresión’”



“Por qué facinerosos, delincuentes, en calidad de psiquiátricos (pretexto para una pena menor), tienen que ser derivados a nosocomios, y cumpliendo una singular sentencia, significándose así una manutención económicamente mayor. Si las causas de sus aparentes y agresivas esquizofrenias (siendo diagnosticados) como se deduce en una Nota Clínica (1) cubana, siempre por enajenaciones del cuerpo, se toman como condiciones no naturales  e influenciadas. Enajenantes pasivos, brindan de todos modos características agresivas, pero sensibilizantes por manipulaciones –y antipsicóticos-de las ahora referidas como ondas de frecuencias que, para la cientificidad del consciente, son corruptas externalidades”

 “En Cuba, la depresión y mortalidad infantil es prácticamente nula. Los trastornos psiquiátricos no poseen características degenerativas, por ende, son congruentemente pensamientos populares, propios, ideologías de una “religión” que puede o no ser compartida. La libertad, ideas, expresiones del ser humano, debe ser propalada.

“Nuestro cuerpo es un organismo electromagnético. Mediante esta condición, puede influenciarse por ondas de frecuencias; electromagnetismo”

Cómo lograríamos discernir, concienzuda y sesudamente entre individuos íntegramente saludables en relación al consciente, sin enajenaciones telecomunicacionales (metafísicas para el populorum mundial) para juzgar sus actos. Si plurales padecimientos, trastornos – a causa de las manipulables ondas cerebrales, conjugadas e imitadas por la física cuántica-, planteándose una racional y deductible cientificidad del consciente, son las características que degradan la calidad de experiencias vitales en vinculación directa a individuos del Perú y gran sector del planeta. He de atacarse las influencias externas que, siendo dilucidadas, en gran medida y afirmo contundentemente, son manipuladas por medios y organismos de telecomunicación.

Así, como conclusiones de entereza, se torna imprescindible la revelación, investigación de estos aparatos físico cuánticos, por que, nuestros compatriotas, individuos, prójimos, etcétera, como se les denominase en menudas encíclicas, se ven afectados directamente por pitidos (acúfenos o tinnitus) sin razón aparente, pero ocasionados, inexcusablemente, por tecnologías telecomunicacionales, inspiradas, como refería, en la médica cuántica de nuestro cuerpo humano. Ante las retóricas de entes reguladores que dictan la aparición y redención de nuevos profetas, absolutamente todos deberíamos tener conocimiento de los derechos que rigen el universo. Entonces, ¿de qué manera, podríamos investigar exhaustivamente a determinadas empresas privadas, ingentes operadores de telecomunicación? O en su defecto, a las personas que operan estos artefactos sin conocimiento de causa. Así, dilucidaríamos, controlaríamos y regularíamos estos aparatos, surgiendo utilizaciones asertivas, en pro del bien.
Es certero que poseemos un modelo económico establecido y, ya difícil de modificar; es entonces que la búsqueda de un modelo universal de Salud Pública (2), cobra coherencia. Así entonces, nuestro voto debería ser racional y no influido por intuiciones, abducciones, pues el carácter comprobatorio de esta última debe manifestarse en la realidad, praxis.

Entonces surge, suspicacias aparte, la posibilidad de entregarle nuestros voto y, por consecuente, enteras vitalidades a quien ha creado lazos de confraternidad, abiertamente, para con la República en donde la medicina, en todos sus perímetros, ha rebasado el nivel de la pericia y excelencia. Y no atestiguo por simpatizante o poseer características personales en relación a un determinado candidato, sino por la relevancia que conlleva gozar de ámbitos saludables en todo aspecto. Ciertamente, hablamos de la medicina india, cubana; solución para nuestras depresiones.

¿Por qué en Cuba, los diagnósticos psiquiátricos, son asimilados popularmente de otro modo? Para ellos, son ciudadanos lúcidamente tocados (“locos” de pensamiento); es decir, trastornos como la esquizofrenia y psicosis (debido al control ecológico de las telecomunicaciones), son absurdos, vacíos; inexistentes. Los antipsicóticos que se prescribirían se tornan innecesarios. Sucede que en la cultura cubana, la metafísica (abstracción con respecto al medio ambiente controlada por la posesión de los aparatos telecomunicativos; por trascendente conclusión, estos deben pertenecerle al estado) es tomada por congruencias físicas; de esta manera se debe entender. Entonces, lo mágico-religioso, cobra otro sentido en determinadas circunstancias.

Se entiende y, debe entenderse –como procuraba dar a entender líneas arriba-, por metafísica a todo fenómeno que, por ejemplo, resulta imperceptible para el aparato audiovisual humano, no a fenómenos caóticos (en referencia a la teoría del caos), como cuando una pestaña irrumpe y distorsiona nuestra visión o un holograma irrumpe en nuestra realidad. Cuando el fenómeno se da naturalmente no origina estrés acompañado de pánico.

La medida culminante es tomar una decisión radical, ante circunstancias “radicales”; esta, en nuestra realidad, solo podría corresponder a virar nuestra opción de voto. Asociar, la medicina de última generación a la verdadera Salud Pública en relación al emerger económico peruano, significa estrechar lazos con diversas naciones y mejorar índices con respecto a catástrofes de salud, como imperante derecho humano. No permitamos que el 21% por ciento de nuestros niños, afectados en gran porcentaje por estrés (en consecuencia, acúfenos, tinnitus y trastornos psiquiátricos), literal y tácitamente, se suiciden. La guerra por el control de las externalidades, tecnologías telecomunicacionales (debido a la física cuántica), influencian al hombre peruano y mundial. Inmunicémonos ante la contaminación sonora y sus severísimas consecuencias (3). Votemos por la libertad de expresión humanística en general (en hipótesis, podrían surgir programas independientes), pero no por la posesión particular de determinados artefactos, aparatos (telecomunicativos, cuánticos, de gran potencia, he de recalcar) los cuales, actualmente, se encuentran en post del estrés mundial y, sus resultados, que invaden la psiquis de nuestro pueblo.


(2)    El Ministerio de Salud Pública (siglas: MINSAP) de la República de Cuba es el organismo rector del Sistema Nacional de Salud, encargado de dirigir, ejecutar y controlar la aplicación de la política del Estado y del gobierno en cuanto a la salud pública, el desarrollo de las Ciencias Médicas y la industria médico-farmacéutica.

(3)    Acúfenos, tinnitus; estrés. Esquizofrenia, psicosis, migraña, etcétera.


jueves, 21 de octubre de 2010

Presentación de Libro: Veinte Poetas (Casa de la Literatura, viernes 29 de octubre, 6:30 pm)

Presentación de Libro:

VEINTE POETAS

Casa de la Literatura, viernes 29 de octubre, 6:30 pm

(Antigua Estación de Desamparados, Jr. Ancash 207, Centro Histórico de Lima)



Veinte poetas jóvenes de diversas ciudades del país han sido seleccionados para formar parte de este libro, cada uno con tres poemas, editado por el pintor y poeta Iván Fernández-Dávila.

Este libro cuenta con la participación de los jóvenes poetas:



María Rumaja, Heiner Valdivia, Parix Cruzado, Samuel Febres, Lena Luna, Néstor Málaga, Raúl Allaín, Mercedes Espinoza, Carlos Eduardo Luján Andrade, Lina Flores Ágreda, Claudia Incháustegui, Karen Quintana, Nehemías Vega, Vilo Arévalo; Helmut Jerí, Xavier Cusquisibán, Urpi Arcos, Estefanía Cuestas Trebejo, Valia Llanos, Paul Cañamero



El prólogo fue redactado por el poeta y ensayista Héctor Ñaupari, en aquél se puede leer:



“Ya no hay grupos en la literatura peruana. El canto del cisne de la expresión grupal en las letras peruanas fue la generación del noventa, multitudinaria, babilónica y febril, entre las ruinas de un país al borde de la disolución final (…)



Empero, así como la vida se abre paso a pesar de las inclemencias de la naturaleza o las fauces implacables de las fieras, o como la libertad encuentra siempre modos creativos, peculiares e inesperados de surgir en las sociedades más cerradas, y con ello amenazar a sus poderes más oscuros, la consideración individual de la creación literaria también encontró cabida en los grupos literarios peruanos, en una suerte de eco en reversa, donde del susurro se va pasando poco a poco al grito y de allí al aullido ensordecedor, como se vivió en la generación donde Neón, Estación 32, Noble Katerba y tantos otros grupos se manifestaron. De modo que la primera década del nuevo siglo describe una suerte de elipsis, una vuelta hacia lo esencial, un tránsito imparable hacia el gozo individual de la poesía.”



La presentación del libro estará a cargo de Héctor Ñaupari y de Iván Fernández-Dávila, como editor del volumen. Del mismo modo, los poetas que integran el libro ofrecerán la lectura de sus textos a los asistentes.



El marco musical estará a cargo del grupo LA MILA



SE AGRADECE LA DIFUSIÓN

viernes, 10 de septiembre de 2010

"Elogio de algunos poetas peruanos contemporáneos" (Prólogo al libro Veinte Poetas, por Héctor Ñaupari)

Elogio de algunos poetas peruanos contemporáneos



Héctor Ñaupari



En la lengua común, un muestrario es una colección. Un conjunto diverso de un mismo grupo de personas. En el caso de este libro, se trata de un muestrario de poetas. Más precisamente todavía, de jóvenes poetas. Hijos de la última vuelta de tuerca literaria del Perú, donde incluso los post (el postmodernismo, el postfeminismo, entre otros) ya pasaron también, y se han vueltos, estos conceptos, ejemplos vivos de la obsolescencia.



El libro que prologamos me permite reflexionar respecto a un tema recurrente en nuestras letras, infinitamente repetido, como una pesadilla que no terminamos nunca de descifrar, y que volvemos a soñar, pero no por ello menos actual. Se trata de la tensión generada entre la asunción o permanencia de tópicos clásicos o tradicionales frente a la búsqueda de rupturas con esas mismas tradiciones, aún cuando éstas sean la encarnación de la vanguardia, la experimentación o lo futuro, y que es un acontecimiento propiamente moderno, clave en la literatura peruana, de perpetua vocación parricida.



El hecho que la generación de nuevos escritores quiera romper con la anterior, matándola literariamente (hasta ahora) o que las poetas mujeres quieran distanciarse o atacar a sus pares hombres con poemas puñales, tijeras o cuchillos, lo mismo que los escritores andinos con respecto a los llamados criollos, y así ad infinitum, me permite sugerir que ya no queda tela para tantas rupturas. El traje de la poesía peruana se vuelve un solo remiendo, una blusa espléndida hecha jirones por mil y una manos.



De modo que, si no está la magdalena para tantos tafetanes, no nos debe llamar a la sorpresa que, intuitivamente, los poetas de este muestrario se quieran adentrar en las tierras prohibidas del romance clásico y sentimental, sin hacer caso al vicioso círculo de tradición y ruptura. En sus textos, al pasar a idealizar (para bien o mal, para alegría o desdicha) el amor de una mujer a un hombre, o viceversa, o a sus ascendientes, o al lugar que extrañan, o abandonarse sutilmente en las habitaciones del olvido luego del final de una relación, nos ayudan a los escritores a revisar nuestros planteamientos, a encarar de modo distinto nuestros modos de escribir; en suma, a ser mejores poetas.



Esto porque el cuestionamiento creativo, incluso desde una perspectiva clásica o tradicional, no deja de ser una actitud moderna. Es decir, si aplicamos la misma fórmula parricida al modernismo, o a la poesía urbana marginal, o a la poesía coloquial, desfachatada y ayuna de solemnidad, un mínimo de cortesía profesional (propia entre ladrones, truhanes o espías, y espero que también entre poetas) hará que no se niegue a ser medida con la misma vara, o a morir bajo el mismo hierro que mata, si seguimos a la Escritura.



Un segundo aspecto de estos poetas, que paso a rescatar, es su expresión individual. Ya no hay grupos en la literatura peruana. El canto del cisne de la expresión grupal en las letras peruanas fue la generación del noventa, multitudinaria, babilónica y febril, entre las ruinas de un país al borde de la disolución final. Cierto es, como sabemos, que el proceso de colectivización de la poesía en el Perú tuvo su punto más alto con el Movimiento Hora Zero, donde la poesía sólo se manifestaba como expresión conjunta de todos sus integrantes, su adhesión a las ideas socialistas era la norma irreductible y su desenvolvimiento en comunas era la manifestación de su eterna adolescencia y vitalidad, pero en todo ello se encontraba (oh justicia poética) también el germen de su propia destrucción.



Empero, así como la vida se abre paso a pesar de las inclemencias de la naturaleza o las fauces implacables de las fieras, o como la libertad encuentra siempre modos creativos, peculiares e inesperados de surgir en las sociedades más cerradas, y con ello amenazar a sus poderes más oscuros, la consideración individual de la creación literaria también encontró cabida en los grupos literarios peruanos, en una suerte de eco en reversa, donde del susurro se va pasando poco a poco al grito y de allí al aullido ensordecedor, como se vivió en la generación donde Neón, Estación 32, Noble Katerba y tantos otros grupos se manifestaron. De modo que la primera década del nuevo siglo describe una suerte de elipsis, una vuelta hacia lo esencial, un tránsito imparable hacia el gozo individual de la poesía.



Y así nos encontramos con los poetas de este muestrario. Ellos, con sus iniciales y promisorias luces creativas, constituyen el paso final e irremediable hacia la adopción de lo sentimental e individual en la poesía, tránsito breve pero semejante al que dio Odiseo al descender a los infiernos para buscar al ciego adivino Tiresias, o el que llevó a Mersault a la pasividad y el escepticismo al que le condena Albert Camus en El extranjero.



Este muestrario que prologamos es, a la vez, un ejercicio diligente y un poderoso mensaje a favor de la buena literatura, patente en los sólidos textos presentados por cada poeta. Todos los poemas están magníficamente escritos, como si la genialidad dispuesta en uno fuese a su vez el dormido demonio del segundo, y así, como un espejo que frente a otro repite la imagen de quien se mira en él, de modo innumerable. Tienta, de esta suerte, hacerles a los autores la misma pregunta que se hace el poeta William Blake sobre el fiero Tigre: “¿Qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría?”.



Observo en los poemas de este muestrario una exultante rebelión del individuo creador, del yo poético ante un entorno decadente, y en el que se hace patente una violenta exaltación de la personalidad, que se manifiesta en los poemas que integran esta publicación. Sufriendo en la inercia, desnudando sus cuerpos, estallando orquídeas, los poetas de este muestrario convierten al mundo en una proyección de sus propias naturalezas. Su ser individual lo trascienden en el texto, se arropan en él. Nada más. Y sólo puede ser eso, pues, ¿qué más debe ser el mundo sino una extensión de nosotros mismos?



Pienso que la poesía de este libro es irreductible, “un horizonte donde el tiempo y el espacio cuelgan sus sábanas”, como escribió Antonio Claros. En ese caso, nada más me queda desearles a los poetas del muestrario que la tempestad y la pasión, el “sturm und drang” de los románticos alemanes, habite entre ustedes siempre.



Santiago de Surco, agosto de 2010

Radio Literatura (Tercer programa)

Lectura de mi reseña biográfica. Gracias Don Guillermo Aguilar.

martes, 3 de agosto de 2010

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